Joomla!

 
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Home Alimentación Niños ANOREXIA INFANTIL

ANOREXIA INFANTIL

E-mail Imprimir PDF

Los trastornos alimentarios de Bulimia y Anorexia, son las alteraciones más comunes de la conducta en el acto de comer. Aunque se refiere al acto de comer, no tiene relación directa con la comida. Su raíz está en el miedo a vivir y a crecer. Las señales más claras de estas enfermedades se descubren a través de: El Rechazo a mantener el peso corporal por edad y talla lo que ocasiona una pérdida importante de peso. Los trastornos de alimentación de los niños son la principal causa de consulta pediátrica entre los 2 y 4 años, y en muchos casos están directamente motivados por el estrés que madres obsesivas y controladoras provocan en sus hijos. La preocupación precoz por la imagen corporal es una de las razones que llevan a que cada vez más niños padezcan anorexia infantil. Pero no es la única. El entorno familiar o las dificultades emocionales de la madre son algunas de las otras causas de esta enfermedad, que afecta a chicos de ambos sexos y diferentes edades y clases sociales.Si bien los problemas a la hora de comer pueden presentarse en edades muy tempranas, recién a partir de los 3 años el miedo a engordar se transforma en un verdadero problema.

Los casos de la primera infancia están ligados a la relación del niño y su madre. “Hasta los tres años, sobre todo, el problema tiene que ver con las dificultades emocionales de la madre”, explica Susana Sarubbi, del área de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Pedro de Elizalde. “Es común que los síntomas se den en la forma de un síndrome de alimentación selectiva (comen sólo determinadas cosas): en alguna oportunidad llegó una nena de tres años al hospital que se negaba a incorporar alimentos nuevos y la mantenían con comida de bebé.” Repasando la historia clínica de los trastornos en la alimentación, se destaca un dato: aquellas chicas que protagonizaron el avance de la anorexia y la bulimia en los ’70, ahora son madres. “Conciente o inconscientemente transmiten la patología a sus hijas, no desde el punto de vista genético, sino desde el punto de vista psicológico”, analiza Humberto Persano, jefe del Hospital de Día para Trastornos de la Conducta Alimentaria en el Borda y coordinador de la Red Interhospitalaria de Trastornos Alimentarios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA) afirman que, cada año, el número de consultas sobre anorexia infantil aumenta entre un 15 y un 20 por ciento; y que la cifra de chicos que tienen tratamiento se quintuplicó desde 2003.

Es fundamental que los padres estén atentos a los hábitos alimentarios de sus hijos, pero muchas veces esa atención desmesurada es la que dispara el problema. Alejandro O Donnell, director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil, advierte que los niños cuyas madres son más obsesivas y controladoras con los alimentos tienen mayor tendencia a padecer anorexia u obesidad en la infancia y la adolescencia.

Miedo a la comida 

Para la fundadora y asesora médica de ALUBA, Mabel Bello, esta patología es producto del miedo a engordar y, luego, a ser rechazado por los demás. En este sentido, especifica: “En general, se trata de chicos lábiles ante el estrés, con miedo a no ser aceptados, y entonces deifican la percepción visual. Ellos quieren ser flacos para ser aceptados, y eso que ni siquiera entienden qué es ser flaco”.

Los patrones de belleza de extrema delgadez pasan de la pantalla de televisión a las salas de los jardines de infantes. Según Bello, allí se acentúa la diferenciación entre gordos y flacos, al punto de convertirse en una obsesión para los niños. Y señala: “Las maestras nos cuentan que las mamás les piden que sus chicos no coman cosas con sal, ni con azúcar, tampoco comida “chatarra” ni bebidas “cola”. El problema es que, después, el niño se siente muy extraño cuando está en el festejo de un cumpleaños. Si bien hay que darle importancia a la calida de la alimentación, no hay que olvidarse de lo fundamental que es la integración social en el desarrollo del pequeño. Es preferible que los padres dejen que sus hijos coman una golosina de vez en cuando y no que, por exceso de restricciones, el chico termine teniéndole miedo a la comida”. Un berrinche, claro, es sólo un berrinche. Y de ningún modo hay que confundirlo con un trastorno alimenticio. “La anorexia en los niños es más fácil de detectar que en los adolescentes, porque son más trasparentes. Mientras que los adolescentes tienen mayor aprendizaje para ocultar los síntomas, los más chiquitos directamente dicen que no desean comer porque no quieren ser gordos”, explica Bello. Sin embargo, no siempre los chicos manifiestan de manera tan abierta la razón por la que no quieren comer. En otro sentido, algunos expertos afirman que el motivo principal de la anorexia infantil está más asociado con un ambiente familiar hostil, o con el vínculo del niño con la madre que con razones culturales. Rosa Petronacci, psicoanalista, especialista en niños y adolescente y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, detalla: “La anorexia infantil se puede deber a que hay un punto de fractura temprano en el vínculo madre-hijo, ya sea porque se trata de una mamá que no puede relacionarse con su hijo de manera fluida o porque es una madre agresiva o que esta deprimida. Frente a esto, el niño hace síntoma corporal”. En ese momento, el chico comienza a manifestar síntomas tales como no querer ingerir alimentos o tardar demasiado en comerlos y presentar algunos estados depresivos, que se traducen en cansancio, queja y aburrimiento permanente.

En un extremo, la excesiva atención de los padres sobre la comida; en el otro, el desinterés: “A veces los padres dan su vida laboral y los chicos quedan relegados -dice Sarsubbi-. Las consecuencias del desapego emocional para los chicos pueden ser serias. Toda persona necesita de otro para constituirse y que le dé protección. Esa protección incluye el alimento: la alimentación va a asociada a lo afectivo y si hay una mamá que no tiene mucho interés en su hijo, su hijo no va a tener interés en comer. Esto se ve en la cultura contemporánea donde muchas veces los chicos no forman parte de los intereses de los padres. Así aparece el factor deprivación emocional como causante de anorexia.”

Muchos otros casos de anorexia infantil surgen del matrato o del abuso sexual como un reflejo muy primario, casi orgánico, de defensa, rechazo, vergüenza y asco a la vez. Se dan, por supuesto, formas más leves como las de los chicos que buscan llamar la atención o imponer su singularidad. Entre las influencias de los ideales estéticos, la imitación de situaciones que ocurren en casa y los mecanismos de defensa ante realidades más escabrosas, el diagnóstico para los padres y los médicos se vuelve un trabajo de precisión, tan trascendente como delicado.

Sin diferencias sociales 

Ordenado y excesivamente responsable. Con dificultad para la adaptación y la autoestima baja. Encerrado en su mundo y un tanto neurótico. Así suele ser el perfil de los niños que sufren esta enfermedad. O Donnel advierte que en los chicos más grandes hay que estar atentos a algunas otras señales: “No sólo separan y despanzurran la comida; a medida que pasa el tiempo, comienzan a hacer actividad física y luego leen sobre actividad física. Después, ya empiezan a contar las calorías de los alimentos”.Durante la niñez, el número de mujeres y varones que sufren anorexia es parejo, aunque la cifra de las niñas suele ser mayor. No obstante, la cantidad de varones con trastornos alimenticios es más grande en la infancia que en la adolescencia. “En general, la razón por la que las chicas presentan más cuadros de anorexia es porque sufren más la presión de la cultura”, dice Bello.La pobreza no es un límite en este tipo de patología. Incluso, algunos especialistas señalan que justamente los niños y adolescentes de las clases populares son los más desfavorecidos, ya que son quienes tardan más en descubrir el diagnóstico, debido a la falta de información, y los que menos tratamientos realizan. “Uno de los mitos de los trastornos de alimentación es que esto sólo les ocurre a las clases altas. Y de ningún modo es así: es un problema de todos los sectores sociales. Nosotros trabajamos un año en una villa de emergencia y había una cantidad impresionante de chicas con anorexia, sólo que no estaba diagnosticada. No tenían el nombre de la enfermedad. Estar atentos es el consejo de expertos y padre que pasaron por esta situación. Ni juzgar los gustos de los niños, ni prepararles otra comida cuando no quieren la que está en el plato. Respetar los horarios da las cuatro comidas es primordial. Y algo más, recomienda Petronacci: “La comida no debe ser una batalla campal entre padres e hijos, sino un espacio placentero y de encuentro. 

Cobertura

Los tratamientos para combatir la anorexia, la bulimia y la obesidad mórbida serán cubiertos por las obras sociales y empresas de medicina prepaga. O casi, seguro, porque la falta que la Cámara de Diputados trate le proyecto, ya aprobado por el Senado en noviembre pasado. Hasta ahora las enfermedades derivadas de los trastornos alimentarios no estaban incluidas dentro del Programa Médico Obligatorio (PMO). En caso de que la ley en trámite sea aprobada por Diputados, no sólo las obras sociales y prepagas estarán obligadas a costear los gastos de los tratamientos, sino que, además, se declarará de interés nacional la prevención y el control de estas patologías, se creará un programa específico de acción, un registro estadístico y un mapa epidemiológico.

En lo que a los niños y a los adolescentes concierne, el proyecto prohíbe la venta de alimentos no nutritivos en kioscos escolares, a la vez que el Ministerio de Salud deberá desarrollar estándares alimentarios que serán aplicados en los comedores de las diferentes escuelas.

 

Conclusiones

 

Resulta de interés la capacitación de los profesionales de la salud respecto al manejo de la anorexia infantil, ya que como se puede observar es una entidad que se presenta cada vez a una menor edad. Además es de vital importancia la educación nutricional a los padres a fin de brindar todas las herramientas necesarias para lograr fomentar una alimentación saludable, pero sin caer en la obsesión y en prohibir todos los alimentos sin necesidad. 

 

Fuentes

Revista rumbos

www.aluba.org

 

 

Auspician