Uno de los objetivos principales de todas las sociedades, especialmente de las desarrolladas, es asegurar la salud de sus individuos. Entre los factores que determinan el estado de salud, (genética, medio ambiente, asistencia sanitaria, hábitos de vida) la alimentación tiene una especial importancia, por su elevado grado de influencia y porque puede modificarse para conseguir efectos deseados. A través de los alimentos el individuo adquiere la energía y los nutrientes que el organismo requiere para cubrir sus necesidades y poder desarrollar sus actividades. Hidratos de carbono, proteínas, lípidos, minerales, vitaminas y agua son los nutrientes “clásicos” que deben estar en la dieta para no comprometer la salud. Pero, en la actualidad y tal y como lo establece la OMS, el objetivo en salud no sólo es la ausencia de enfermedad, sino que se persigue conseguir el óptimo estado físico y psíquico. La alimentación pasa de ser la vía necesaria para evitar la enfermedad a ser una fuente de salud. Con este ambicioso concepto se amplía el interés hacia nuevos componentes de los alimentos: la fibra dietética, los antioxidantes, los prebióticos o los probióticos, que desempeñan una función beneficiosa sobre algún proceso del organismo. Así, uniendo esta demanda social junto con los resultados científicos que se van adquiriendo, aparece en el mercado una amplia variedad de “nuevos alimentos”, que reclaman el interés del consumidor como fuente de salud. Entre ellos se encuentran los alimentos funcionales.
Fuente de vida
Se consideran alimentos funcionales (functional food) aquellos que, con independencia de aportar nutrientes, han demostrado científicamente que afectan de forma beneficiosa a una o varias funciones del organismo, de manera que proporcionan un mejor estado de salud y bienestar o reducen el riesgo de padecer una enfermedad. Para que un alimento funcional se reconozca como tal debe cumplir1 las siguientes pautas:
1.- Que intervenga en algún proceso biológico concreto mejorando su funcionamiento (función inmune, envejecimiento, motilidad intestinal).
2.- Debe ser un alimento, no un medicamento, y debe responder a las características propias y genuinas de lo que se entiende por alimento.
3.- Que su efecto beneficioso se produzca con el consumo de la ración habitual. Debe formar parte de la dieta convencional, como el resto de los alimentos.
4.- Estos alimentos están destinados a los consumidores sanos, sin ninguna patología específica.
Desde siempre, el hombre ha atribuido a los alimentos el concepto de ser fuente de vida, pero la fabricación y consumo de alimentos diseñados con la finalidad de mejorar la salud del consumidor es muy reciente. Los primeros alimentos comercializados con este fin se ofrecieron en Japón a mediados de los años 802. A pesar de su novedad, la presencia de estos nuevos alimentos en el mercado es muy amplia y de continuo crecimiento. En 2004, el 40% de la población de EEUU los incorporaba ya a su dieta de forma regular. Actualmente los alimentos funcionales, sus componentes y sus propiedades son un objetivo prioritario de la investigación de la industria alimentaria. Se sabe mucho sobre ellos pero quedan todavía muchos conocimientos pendientes que darán paso, con toda seguridad, a la aparición de nuevos productos.
En todos los casos, el beneficio de su consumo se aporta en base a sus componentes funcionales. Se consideran alimentos funcionales aquellos alimentos naturales en los que se reconoce la presencia de uno o varios componentes responsables de sus propiedades, o a los alimentos modificados en los que se ha alterado su composición inicial, a través de la suplementación o la modificación.
Efectos en el organismo
En 1998, los expertos europeos centraron los efectos y aplicaciones de estos alimentos en seis líneas3, 4:
1.- Aparato digestivo: Los componentes de la flora microbiana intestinal ejercen una gran influencia sobre las características bioquímicas, fisiológicas e inmunológicas del huésped en el que residen, con importantes repercusiones para su salud. Los alimentos funcionales intervienen en la selección de la flora predominante en el intestino ayudando a mantener su óptimo equilibrio y variedad, estimulando el crecimiento de los microorganismos beneficiosos (alimentos denominados “prebióticos”) o administrando directamente estos microorganismos a través de productos fermentados (en este caso se denominan “probióticos”). A nivel del sistema digestivo también existen alimentos que actúan sobre la motilidad intestinal (por su composición en fibra dietética), reduciendo el riesgo de cáncer de colon.
2.- Crecimiento, desarrollo y diferenciación: La alimentación en las primeras etapas de la vida ejerce su efecto desde el adecuado desarrollo fetal y de crecimiento del lactante hasta etapas tardías del individuo, determinando la expresión genética, optimizando las funciones neuronales y mediando sobre diferentes causas de mortalidad. De aquí la importancia de cuidar el aporte, no sólo de nutrientes sino también de componentes funcionales, como oligosacáridos, gangliósidos o antioxidantes, en las etapas de gestación y lactancia de la mujer.
3.- Procesos metabólicos básicos: Los diferentes componentes de los alimentos que ingerimos en la dieta pueden influir entre ellos, modificando su aprovechamiento y utilización con efecto sobre procesos fisiológicos, como el grado y la velocidad de absorción de nutrientes o la termogénesis. Con este fin se desarrollan alimentos con componentes como gomas y pectinas, polialcoholes o carbohidratos, que eviten los picos de glucemia o reduzcan la ingesta de energía, cuyo consumo es de interés en la prevención y tratamiento de la obesidad y la diabetes.
4.- Protección frente al estrés oxidativo: Es bien conocido que el carácter altamente oxidante de las sustancias reactivas del oxígeno (ROS), presentes en el organismo de forma natural como consecuencia de los procesos fisiológicos aerobios, participa en gran medida en el proceso de envejecimiento celular y en la aparición de patologías como Parkinson, Alzheimer o determinados tipos de cáncer. Es importe contribuir, a través de la dieta, con la incorporación de componentes con capacidad de inactivar estos ROS e impedir su daño. Además de las clásicas vitaminas antioxidantes E y C, actualmente se reconoce el efecto beneficioso de otros compuestos fotoquímicos, como flavonoides, carotenoides y terpenoides. Están presentes en productos de origen vegetal y otorgan un papel funcional a alimentos como hierbas aromáticas, ajo, especias, jengibre, té, chocolate y vino, además del conocido papel nutricional de frutas y verduras.
5.- Sistema cardiovascular: La enfermedad cardiovascular es una de las causas principales de mortalidad precoz en las sociedades desarrolladas. La dieta influye, con sus componentes, en los diferentes factores que predisponen a dicha patología: hipertensión arterial, integridad y funcionalidad endotelial, perfil lipídico, oxidación lipoproteica y coagulación sanguínea. El efecto antioxidante de los compuestos citados en el apartado anterior, el efecto hipocolesterolemiante de la fibra soluble y de los fitoesteroles, el poder antiaterosclerótico de los ácidos omega 3, el papel regulador del ácido oleico sobre el perfil lipídico o el efecto vasodilatador de la arginina, justifican el reconocimiento funcional de los alimentos en los que se encuentran de forma natural (como el pescado azul, la soja o los frutos secos) y su suplementación en otros alimentos funcionales.
6.- Función cognitiva: El efecto de la alimentación en el desarrollo y funcionamiento del cerebro y, con ello, en las numerosas y complejas funciones en las que interviene, se debe considerar desde las más tempranas etapas de crecimiento del individuo hasta las etapas tardías de deterioro y decadencia. Empieza a haber evidencias de la acción de los ácidos grasos poliinsaturados presentes en la leche materna sobre el desarrollo intelectual del lactante, la protección de los mismos y de los antioxidantes sobre el funcionamiento neuronal, la estimulación de algunos carbohidratos sobre la producción de opiáceos endógenos o los estudios recientes sobre la posible capacidad de los aminoácidos triptófano y tirosina de estimular ciertas capacidades. Todo ello abre las expectativas para el diseño y la elaboración de alimentos que puedan ejercer su funcionalidad sobre el aprendizaje, la capacidad intelectual y su mantenimiento o el bienestar psíquico y mental.
¿Cuál es el consumo adecuado de los alimentos funcionales?
Es interesante para el consumidor aprovechar los beneficios de estos alimentos, pero para lograrlo es necesario que se haga un adecuado consumo de ellos, conociendo tanto las propiedades y cualidades de cada uno como los efectos desfavorables de su exceso. Aunque, en general, una dieta equilibrada y adecuada es suficiente para cubrir las necesidades nutricionales del individuo sano, los alimentos funcionales pueden formar parte de la dieta de cualquier persona mejorando su estado. Su empleo debe seguirse siempre bajo los criterios nutricionales de la dieta equilibrada y variada, asegurando el consumo adecuado de los diferentes grupos de alimentos tradicionales y evitando el exceso en la ingesta de un determinado componente que podría llevar a efectos desfavorables. Es de especial interés el uso de alimentos funcionales en situaciones en las que cubrir los requerimientos nutricionales puede ser difícil: en etapas fisiológicas de especial vulnerabilidad como tercera edad, gestación, lactancia, menopausia, infancia o adolescencia; situaciones de grandes requerimientos como estados de estrés o ejercicio físico intenso; en estados carenciales o ante enfermedades que los puedan ocasionar (osteoporosis, diabetes, trastornos gastrointestinales) o en grupos de población en los que se detecte, a nivel de salud pública, la carencia de algún nutriente. En estos casos la ingesta de un determinado grupo de alimentos funcionales será aconsejable, siempre que se conozca bien cuál es la cobertura adicional que se precisa y cuáles son los alimentos que la permiten. Nunca se debe hacer un uso indiscriminado de estos alimentos o sin la necesaria información.
Regulaciones y especificaciones
A fin de conseguir el adecuado consumo, los alimentos funcionales están regulados, en los países en los que se comercializan, en cuanto a su seguridad e higiene alimentaria5. En la Comunidad Europea, catalogados como Nuevos Alimentos, deben cumplir las especificaciones dadas en el Reglamento 257/97, en relación a su etiquetado, presentación y publicidad. Es el objetivo de las Autoridades Sanitarias asegurar que la información que el fabricante presente acerca del producto y sus cualidades para la salud no lleve a engaño al consumidor. Para ello cualquier información que en su etiquetado o publicidad haga referencia a su efecto sobre la salud, sólo puede realizarse cuando haya sido evaluada y contrastada por la competente Agencia de Seguridad (la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, en los países miembros de la UE). Así, disponer de esta amplia y novedosa gama de alimentos es muy interesante, siempre que el consumidor sea conocedor de sus propiedades y de la adecuación de su ingesta en la situación y medida correctas, como alimentos complementarios de una dieta más amplia y adecuada.
Referencias
1. Bello Gutiérrez. “Alimentos con propiedades saludables especiales”. En “Alimentos: composición y propiedades”. Astiasarán I y Martínez JA editores. Ed McGraw-Hill. (Madrid). 2000.
2. Palou A. y Serra F. “Perspectivas europeas sobre los alimentos funcionales”. Alimentación, nutrición y salud. Vol. 7 (3); pág: 76-90. (2000).
3. Martínez - Álvarez JR y Román J. “Los alimentos funcionales: oferta actual y necesidad real para el consumidor”. Nutrición Clínica y Dietética Hospitalaria. Vol. 24; pág: 23-30. (2004).
4. Guardar F. y Azpiroz F. “La evaluación científica de los alimentos funcionales”. En: Alimentos Funcionales. Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología. Madrid. (2005).
5. Paluo A., Picó C. y Bonet ML. “La seguridad de los nuevos alimentos en Europa: alimentos funcionales”. En “Tendencias en la alimentación funcional”. Serrano, Sastre y Cobo editores. Ed Instituto Danone. (Madrid). 2004.
Fuente:
Énfasis Alimentación Latinoamérica. Publicaciones Técnicas.















